Después de toda la noche lloviendo, y con amenaza de lluvia en la región, decidimos ir sin prisa, y ver hasta cuando podíamos aprovechar.
Salimos dirección de Siena, haciendo una parada a las afueras de Florencia y ver unas espectaculares panorámicas de la ciudad.
Seguimos la carretera entre campos de olivos, viñas, cereal, pero entre un paisaje frondoso y verde, con tramos de la carretera bordeados de cipreses, que casi invaden el asfalto.
Como el orden no era lo importante, lo invertimos y empezamos por Cole di Val D'Elsa. Nos encontramos muy poca gente, en una ciudad medieval, muy pintoresca y muy cuidada.
Es famosa por trabajar el vidrio, pero al ser domingo nos encontramos las tiendas abiertas, pero los talleres cerrados.
En la catedral se guarda uno de los clavos que sujetó a Jesús en la cruz. Dicen que lo trajeron los cruzados de tierra santa, pero por el número que dicen que trajeron, 30 clavos, No se ¿? Cada cual que piense lo que quiera.
Siguiente parada Monteriggioni, donde vemos el castillo de Monteriggioni di Torri Si Corona. Es un espacio muy cuidado, con su trazado medieval y sus construcciones rehabilitadas y en su mayoría dedicadas a la hostelería y el comercio para turistas.
Aprovechamos para comer allí y probar una de sus especialidades, similar a nuestro chuleta, que es la tagliata chianina. Para mí, menos sabrosa qe la carne roja que se come en España, pero muy tierna y rica. Paula se pide unos raviolis de queso y espinacas que también estaban buenísimos.
Terminada la comida seguiremos hasta Siena.
Ya con 1600 km a la espalda, nos disponemos a disfrutar de Siena. Aunque hemos aparcado bien, cosa rara en lo que llevamos aquí, nos ha costado acercarnos al centro.
Primer lugar a visitar la Plaza del Campo, considerada como una de las plazas medievales mejor conservadas y más bonitas de Europa. Famosos también los palacios que la rodean como el Palacio Público y su Torre del Manga. Esta plaza es mundialmente famosa por la carrera de caballos del Palio. Realmente es espactacular.
Callejeamos entre palacios y casas espectaculares hasta llegar al Duomo.
Termina el día como esperábamos que empezase, con una fuerte tormenta, que observamos sentados en la plaza de campo, a cubierto de unos toldos, comiendo una pizza y tomando un splitz. Francamente bien situados para el momento.
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